A los niños hay que hacerles caso. Mucho. A diferencia de lo que pensaban nuestros abuelos hoy sabemos que hacer caso a los niños ayuda a fortalecer su autoestima. También, a diferencia de lo que se pensó en otros tiempos, hoy sabemos a ciencia cierta que ignorar a un niño para castigarlo puede ser tan doloroso como azotarlo o darle un sopapo. Los niños necesitan de sus padres y apartarlos de nuestro lado puede asustarlos y enseñarles que podemos despreciar al que nos necesita. Posiblemente por eso a muchos os haya extrañado el título que he puesto a este post.

Hoy en día muchos padres creen que hay que hacer caso a los niños en todo momento. En general tienen razón, pero como en todo hay excepciones. Yo creo que es bueno que no les hagamos mucho caso en muchas situaciones porque así aprenden a entretenerse solos o resolver problemas por sí mismos, aunque en este post no me voy a referir a esta situaciones sino a otras en las que conviene ignorarlos por su propio bien. Estoy seguro de que estaréis más o menos de acuerdo con algunas y algo en desacuerdo con otras. Vamos con ellas:

1.Cuando tartamudea por primera vez

Es relativamente normal que los niños comiencen a tartamudear en algún momento de sus primeros años de desarrollo. Más frecuente alrededor de los 3 años de edad. Si detectas el tartamudeo…no hagas nada…no hagas comentarios, ni le preguntes que te pasa. La mayoría de expertos en disfemia recomiendan que ante los primeros signos de tartamudez los padres hagan como si nada. Uno de los factores que agrava la tartamudez es la autoconciencia del problema, por eso, en la mayoría de casos no hacer caso y responder con normalidad contribuye que sea algo pasajero. Si en unas semanas sigue existiendo llevadle a un logopeda.

2. Cuando hablamos con un adulto y les hemos explicado que tienen que esperar

A veces los niños sienten que tienen que tener la atención del adulto en todo momento. Sin embargo no es así. Hay veces que símplemente tienen que esperar. Esperar no es malo sino todo lo contrario. La paciencia es una habilidad difícil de conseguir pero crucial para el desarrollo cerebral del niño. Los estudios neuropsicológicos demuestran que saber esperar ayuda a los niños a tomar mejores decisiones, tener mejor autocontrol y que es muy importante en el rendimiento académico, así que no haces nada malo cuando dices a tu hijo que espere un poquito. Si acude a ti llorando, atiéndelo. Si acude a tí con un brazo lastimado, atiéndelo. Pero si símplemente quiere contarte algo ayúdale a entender que puede esperar su turno. Díselo con calma dos o tres veces, explícale que estás hablando con otra persona y, si como es habitual, insiste e insiste estate tranquil@ y no digas nada. Termina tu conversación y ayúdale a entender que es capaz de esperar.

3. Cuando dice una palabrota nueva

A todos los niños les llega el día en que dicen una palabrota. Si tienen hermanos o amigos mayores el día llegará antes y si no..llegará después. El niño dice la palabrota porque la ha escuchado y no tiene ni idea para qué sirve esa palabra.  Si no le haces ningún caso, posíblemente la descatalogue de su repertorio o dejará de darle importancia.  Por el contrario, si la dice y te pones nervioso, te ríes, te enfadas o haces aspavientos el niño sabrá que es una palabra poderosa y no podrá dejar de decirla porque sabrá que provoca reacciones emocionales intensas y eso le parecerá una novedad fascinante y divertida a la vez. Así que ya lo sabes, si no quieres que las repita una y otra vez…a las palabrotas ningún caso.

4. Cuando ya has hecho todo lo que crees que tienes que hacer para que se duerman

Escenario: María tiene 5 años. Son las 9 de la noche y sus padres han hecho todos los rituales de la hora de dormir. La acompañaron para el baño. Estuvieron con ella poniéndose el pijama. Cenaron juntos. Se lavaron los dientes. Leyeron el cuento. Hablaron del día. Rezaron. Le dieron su vaso de agua. Le hicieron un pequeño masaje. Le dieron el beso de buenas noches y su mamá se quedó al pie de su cama. Pero en ese momento María le dice a su madre que le cuente otro cuento. – María le pide a su madre que le haga más masaje – María le pide que vuelva a contarle cómo fue su día – Y esto puede seguir hasta el infinito…noche tras noche…

Si esta escena te suena familiar posiblemente sea porque ni tu hijo ni tu sabéis poner fin al día. En ellos resulta normal, porque son pequeños, pero es bueno que los padres sepamos poner fin al día con amor y confianza. No quiero decir que los niños tengan que dormir solos, ni que no. Eso es una cuestión de cada familia. Pero se duerma en tu cama o en la suya…si quieres tener un momento para recoger la cena o descansar viendo la tele, suele ser habitual que los niños se duerman un poquito antes. Es algo lógico porque los niños necesitan más horas de sueño que los adultos. La mejor manera de ayudarlos a dormirse a su hora es permaneciendo a su lado pero dejando que ellos hagan parte del trabajo. Por eso, en la escena que te he descrito el papá o la mamá se queda al pie de la cama…pero una vez ha finalizado todos los rituales que cree suficientes es momento de dejar de hablar y dejar que el niño termine de dormirse con nuestra compañía pero sin más ayuda que esa. Puedes sentarte al pie de la cama o en la cabecera. Puedes acariciarles o no hacer nada más que estar en su habitación. La cantidad de ayuda que des a tus hijos para quedarse dormidos depende de tí. Pero si crees que ya has hecho todos los rituales necesarios para que se duerman..lo mejor que puedes hacer es explicarle con cariño que “ya has acabado el día” o que “ya has acabado con el masaje y la conversación”. Y una vez se lo has explicado dejar de hablar, aunque te insista. Así el niño dejará de hablar o buscar entretenimiento y comprenderá que tu ya has acabado tu parte y que ya le toca acabar la suya.

Se que para muchos padres esto os sonará raro…irrespetuoso…se que algunos seguís a rajatabla la idea de que a los niños hay que atenderlos en todo momento. Yo también lo creo (casi). Pero también se que es importante diferenciar entre necesidades reales y carencias emocionales, y por eso creo que en algunos momentos hay que dejar que se las apañen solitos. No soy el único; muchas de las principales escuelas de pedagogía y educación, como Montessori o disciplina positiva enfatizan la importancia de la autonomía del niño y advierten de que muchas veces, los adultos con nuestra atención constante impedimos al niño desarrollar su autonomía y confianza. Estas metodologías buscan maximizar la autonomía del niño en muchas situaciones cotidianas en las que el niño puede conseguir sus objetivos sin ayuda.

Puede que no estés de acuerdo en alguno de los ejemplos que he descrito, pero intenta no olvidar el fondo de los mensajes y recuerda que además de atender todas sus necesidades y que escuchemos todos sus sentimientos también es importante que aprendan la lección de que en algunos momentos ellos pueden sin nuestra ayuda.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”

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