El apego seguro es la facultad de sentirse seguro en el mundo y las relaciones con los demás. Un estilo de apego seguro contribuye al bienestar emocional del niño, pero también contribuye a un mejor lenguaje, una mejor capacidad de aprendizaje y una mayor capacidad para sentirse seguro y adaptarse desde el punto de vista social.

La semana pasada repasamos las claves para ayudar al niño a desarrollar un apego seguro durante los dos primeros años de vida. Hoy vamos a ver cómo podemos seguir apoyándolo a parte de esa edad. Cuando el niño ya ha cumplido los 2 ó 3 años las necesidades primarias de alimentación y contacto físico comienzan a compartir espacio con otro tipo de necesidades más emocionales que al igual que las primeras los padres debemos atender para ayudar al niño a sentirse seguro. Por eso he hecho esta lista con las

1. Cuidados diarios

Los estudios indican que los cuidados diarios del niño como cepillarles el pelo, ayudarlos a lavarse las manos antes de comer o ponerles el pijama contribuyen a su sensación de seguridad y vínculo con el adulto. Todas esas pequeñas y grandes tareas cotidianas que realizamos los padres ayudan al niño a interiorizar una idea simple y poderosa “Aunque estén cansados, aunque yo no quiera o aunque me haya portado regulín mis padres, día a día, me peinan, me lavan los dientes, me ponen el pijama y se preocupan por mi!”. ¿Puede haber mayor garantía de seguridad?

2. Explicar cosas

Muchos padres piensan que el instinto de apego responde a la necesidad del niño por sentirse seguro y protegido. Sin embargo, esta es sólo una parte de la historia. Los niños también buscan una figura de apego para poder aprender de ella o de él muchos aspectos relevantes de la cultura. Gracias a lo que observan de esta figura de apego el niño puede aprender cómo se dan las gracias, cómo se guarda la cola en el supermercado o cual es la manera correcta de expresar enfado. Esta faceta del apego también funciona a la inversa, es decir…cuando los padres explicamos a nuestros hijos lo que sabemos acerca de los animales, los astronautas o símplemente les ayudamos a dibujar una nube estamos nutriendo el apego del niño con cercanía y seguridad.

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3. Contacto físico

Los abrazos, los besos o una simple caricia en el pelo aumentan los niveles de oxitocina, una hormona que favorece el sentimiento de unión y seguridad. A medida que el niño se hace mayor deja de pasar tanto tiempo en nuestros brazos porque ya es capaz de caminar solito. Sin embargo, sabemos que el contacto físico continuado puede favorecer un mayor vínculo entre padres e hijos y les ayuda a sentirse seguros.

4. Reglas y normas

Cuando los padres ponen normas con enfado o perdiendo los nervios el niño puede sentirse inseguro y desarrollar rudeza en sus relaciones sociales. Sin embargo, cuando las normas y reglas se establecen de una manera positiva su efecto es justo el opuesto. Igual que la tierra firme ayuda al niño a correr y saltar unas pocas normas y límites bien establecidos ofrecen seguridad al niño. Si cuando, por ejemplo, tu hijo va a dar una torta a su hermano tu le dices con seguridad “No, cariño” les estarás haciendo dos regalos. 1. Ayudarle a entender las reglas del juego y (2) Confiar en ti, porque tu eres la persona que se las enseña. Aprender a gestionar límites y normas adecuados a la edad sin dramas es una habilidad que ayuda mucho a los padres a sentirse seguros en su labor como padres y a los niños a sentirse más tranquilos y seguros.

5. Libertad

Cuando hablamos de apego solemos pensar en un niño en brazos de una madre. Sin embargo, los estudios indican que los niños cuyos padres son capaces de combinar ese tipo de amor con libertad y confianza para que el niño explore sin ser interrumpido tienen más probabilidades de desarrollar un apego seguro. En cierto sentido resulta lógico; el niño confía en sí mismo en la medida en que sus padres también confían en ella o en él.

6. Hacerle sentir escuchado y comprendido

Sin duda alguna este parece ser el factor más importante para el desarrollo y mantenimiento de un apego seguro durante toda la infancia. Cuando el niño es tan solo un bebé hacerle sentir comprendido se reduce básicamente a atenderlo cuando llora, cogiéndolo en brazos si vemos que está asustado o dándole el pecho si creemos que tiene hambre (por simplificar un poco). Sin embargo a medida que se hace mayor el niño experimenta sentimientos y pensamientos que pueden ser confusos. Puede sentirse abrumado porque está cansado, puede sentirse asustado porque un niño le dijo algo en un tono demasiado fuerte, demasiado nervioso porque ha llegado mucha gente a casa de repente o confuso porque sabe que es importante no manchar la pared pero ve que no le decís nada a su hermanito de 8 meses cuando pone su mano pringosa en la pared. Todas estas experiencias son confusas. Por eso recibir espacio y tiempo para expresar sus sentimientos y preocupaciones y encontrar un adulto que les entiende y les atiende es fundamental para ayudarlos a sentirse seguros. De hecho ser empáticos y comprensivos es una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar como padres.

Por: Álvaro Bilbao. Autor de El cerebro del niño explicado a los padres

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