¿Quién se puede resistir a destapar el pijama de su bebé y hacerle una buena pedorreta? Si no las practicas este es el momento de ponerte al día. La pedorreta (presionar tus labios en el cuerpo de tu hijo y soplar hasta lograr el ruido característico que le da su nombre) proporciona momentos de risa y fortalece el vínculo entre madre/padre e hijo. Cada vez que haces una pedorreta tu hijo y tú segregaréis una hormona, la oxitocina, que hace que os sintáis más unidos. Hacer una pedorreta es económico, sencillo y al alcance a cualquier mamá o papá. Para practicar el pedorreteo correctamente sólo hace falta tener esto en mente; la pedorreta se hace con descaro, sin permiso, sin vergüenza y sin ningún tipo de arrepentimiento. Disfrútalas!

Pedorreta: La pedorreta a secas o pedorreta clásica nunca pasará de moda. En la barriguita, en el pecho o en el cuello, una pedorreta ilumina la cara de cualquier bebé y te reconectará con tus hijos a cualquier edad. ¿Sabías que después de una pedorreta los niños están más atentos a sus padres?

Piedorreta: Una buena piedorreta puede despertar la carcajada en el más pequeño y salvar más de un momento comprometido. Ante un hijo que no quiere ponerse los calcetines, no hay mejor remedio que agarrarle el pie y hacerle unas cuantas piedorretas mientras le ponemos el calcetín.

Culorreta: Imprescindible después de aplicar la cremita y el masaje o cuando atrapas a uno de tus hijos escapándose por el pasillo. Persíguelo, atrápalo metiendo la mano entre sus piernas, acerca su culete a tus labios y pedorretea. Lo podéis hacer tantas veces como queráis. El cansancio y la risa, le ayudarán a dormir y descansar mejor.

Cogorreta: Ideal para practicar mientras secas a tus hijos después del baño o cuando se quieren escapar mientras les vistes. Solo tienes que agarrarles y pedorretearles en el cogote.  En los dos casos la sonrisa está asegurada tanto como el límite.

Brazorreta: Recorre el brazo de tus hijos con una larga pedorreta de ida y vuelta. Comienza del hombro hasta la muñeca y regresa desde la muñeca hasta la axila. Muy práctica cuando uno de tus hijos pequeños se enfada e intenta darte un manotazo; le paras la mano y le brazorreteas. Le harás saber que no le tienes miedo, dónde están tus límites y le ayudarás a que aprenda a transformar su frustración en algo positivo. Mucho menos dramático que darle una buena regañina, ¿no crees?

Rabietorreta:  ¿Quieres ayudar a tus hijos a superar un enfurruñamiento, sin dramatizar? Inténtalo con una rabietorreta, la más avanzada de todas las pedorretas. No es una pedorreta para grandes rabietas…sino para pequeñas rabietas o enfurruñamientos. Se puede utilizar cuando el niño esté enfurruñado, tenga una rabieta muy pequeñita o si una rabieta grande ya está casi casi finalizada. Imagina que tu hija está enfurruñada sobre la cama porque no quiere vestirse. Es la oportunidad perfecta para aplicar la Rabietorreta. Solo debes levantar su camiseta de pijama como quien no quiere la cosa, decir algo con chispa como “Ah, si? ¿Que no te quieres vestir ahora?” y hacerle una pedorreta en la tripa hasta que no pueda más de la risa. Con tres o cuatro dosis, la tendrás riendo, desnuda y preparada para vestirse. Las grandes rabietas se manejan de otra manera. Puedes aprender aquí.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres” – Plataforma Editorial

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