Acabo de escuchar en la radio una interesante entrevista con la periodista Samanta Villar en la que le preguntaban por unas declaraciones que había realizado a raíz del nacimiento de sus dos hijos. Al parece en estas declaraciones la periodista declaró que “Tener hijos es perder calidad de vida”.

Aunque he permanecido ajeno a la polémica he podido enterarme en la entrevista de que estas declaraciones han causado un gran revuelo en las redes sociales. Rápidamente, como suele suceder en estos casos, han salido al ataque y en defensa de Samantha un auténtico tropel de padres y madres defendiendo distintas posturas. La verdad es que parece que el tema de la maternidad levanta pasiones en los últimos años y eso se ha reflejado en la intensidad del debate.

Yo desde mis humildes conocimientos de psicología y neurociencia voy a intentar explicar lo que sabemos acerca de la felicidad y la calidad de vida, para que todos los que me seguís podáis comprender un poquito mejor qué ocurre con ese bienestar psicológico cuando aparece un bebé en vuestras vidas.

Martin Selligman es posiblemente el psicólogo vivo más influyente del mundo. Se hizo famoso por desarrollar una teoría sobre cómo se genera la depresión aunque desde principios del siglo XXI decidió dar un cambio de enfoque y estudiar el ámbito de la felicidad o lo que es lo mismo qué hace que algunas personas sean más positivas, más resistentes al bajo estado de ánimo y se sientan mejor consigo mismas. Esto fue una revolución, porque nadie antes había estudiado científicamente la felicidad.

Uno de los primeros hallazgos de esta llamada psicología positiva fue descubrir aspectos tan interesantes como que el dinero no contribuye significativamente a la felicidad, y sí otros aspectos como tener relaciones sociales cercanas y significativas, desarrollar trabajos en los que se ayuda a los demás o disfrutar de aficiones que hacen perder la noción del tiempo. Sin embargo después de unos años de investigación se encontraron con un escoyo que no sabían como resolver. En los test de felicidad que administraban los padres y madres, especialmente de niños pequeños puntuaban significativamente más bajos que otras personas de la misma edad sin hijos. Los investigadores no podían entender lo que ocurría porque los propios padres y madres les explicaban que eran tremendamente felices. En ese momento los investigadores comprendieron que había un componente de la felicidad que no estaban estudiando y era el sentimiento de significación, transcendencia o sentido de la vida. Decidieron incluir este otro aspecto de la felicidad y lo que pudieron comprobar es que mientras que los niveles de felicidad asociados a lo que conocemos como “calidad de vida” (poder ir al cine, dormir hasta tarde, poder ir a un restaurante, tener tiempo para nuestras aficiones” disminuían….el otro componente de felicidad asociado al sentimiento de satisfacción y significado de la vida aumenta de una manera llamativa. En la gráfica que podéis ver más abajo (que he diseñado yo mismo de una manera muy “coloquial”) podéis ver el cambio en estos dos “tipos” de felicidad.

Felicidad antes después maternidad calidad de vida

Felicidad antes después maternidad calidad de vida

Como podéis ver en la gráfica los niveles de lo que comunmente conocemos como calidad de vida (en naranja) disminuye después de la llegada de un bebé y los niveles del segundo tipo de felicidad (en morado) asociado a la satisfacción personal y sentimiento de trascendencia aumenta. En conjunto los investigadores encuentran en estos estudios que los que somos padres tenemos mayores niveles de felicidad (o bienestar psicológico) a pesar de haber perdido calidad de vida.

En este sentido, creo que la ciencia da la razón a los dos bandos. En términos generales (porque cada caso concreto es único) la maternidad y paternidad restan cierta calidad de vida (horas de sueño, descanso, poder adquisitivo, etc), aunque nos hace más felices en términos generales y absolutos porque hace que la vida cobre un significado y una trascendencia que nos hace sentir bien. Así que sólo me queda desearle a Samanta y a todos los que estáis pasando por los meses más duros de la p/maternidad que disfrutéis de la trascendencia de estos momentos y somos muchos los que comprendemos que esos momentos pueden ser muy difíciles. No dudéis que la cosa mejora y disfrute y satisfacción comienzan a ir de la mano cada vez con más armonía!

Por Álvaro Bilbao – Autor de El cerebro del niño explicado a los padres

Sin lugar la maternidad y paternidad es una oportunidad para conectar con los años más felices en la vida de muchas personas, aunque para disfrutarlo a tope hace falta posicionarse en una perspectiva positiva y saber afrontar las pequeñas dificultades que nos restan calidad de vida (como el manejo de las rabietas, los enfados, o las discusiones) con buenas estrategias educativas. Yo te invito a que te unas a mi curso online, con el que más de 2.500 padres ya están aprendiendo a hacer de su labor de criar y educar a sus hijos algo mucho más fácil y satisfactorio. Si quieres aprender más puedes comenzar este mismo fin de semana. Echa un vistazo aquí ahora. 

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