La vida es dura. Si tienes hijos pequeños lo sabes desde que nacieron. Para mi es cierto que es lo más bonito que te puede pasar en la vida, pero no es menos cierto que es algo muy duro. Empieza por el dolor del parto (para las mujeres, claro), continúa con la difícil tarea de atenderlo por la noche y prosigue con todo tipo de esfuerzos que van desde poner y quitar la sillita del coche, correr detrás de un niño que aprende a montar en bicicleta u ocuparse de los deberes, reuniones escolares y baños, pijamas y cenas que de manera ineludible vienen a nuestro encuentro una tarde tras otra.

No sólo la paternidad es dura, sino que la vida en general tiene sus momentos duros. Estudiar para los exámenes, cambiar de grupo de amigos, mudarse a otra ciudad, sufrir la pérdida de un abuelo u otro ser querido, soportar a un jefe poco profesional o vivir un desengaño amoroso son experiencias duras y por lo general podríamos afirmar eso de que “Nadie se lo va a poner fácil” a nuestros hijos.

En este post he querido compartir algunas de las cosas que intentamos hacer en casa con nuestros hijos porque pueden ayudar a los niños a ser más resistentes.

Si tratas a tu hijo con excesiva dureza, no lo harás más duro, sino más frágil

No voy a dar recetas para que enseñes a tus hijos a sufrir o les hagas perder la inocencia, porque sabemos que eso no ayuda a los niños a hacerse más duros sino que en todo caso los puede hacer más fríos e insensibles  (algo muy distinto). Otros estudios han demostrado que los niños que son tratados con excesiva dureza, lejos de hacerse más duros, desarrollan todo tipo de traumas emocionales y se vuelven de hecho más frágiles. Por eso, mi objetivo con este post es compartir algunas de las ideas que pueden ayudar a que sean más resistentes y fuertes ante las dificultades naturales de la vida:

La mayor fuente de fortaleza viene del amor de los padres

1.Abrázalo, bésalo y tenlo en brazos

Desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el Siglo XX se extendió la idea de que los besos y abrazos podrían malcriar al niño, es decir hacerlo más débil y caprichoso. Sin embargo, hoy en día sabemos que los niños que reciben amor, especialmente en forma de contacto físico, son emocionalmente más estables, más seguros de sí mismos y más resistentes.  Así que si quieres que tus hijos sean duros…dales mucho amor.

2. Déjalo a su aire

Dar mucho amor a los niños no debe confundirse nunca con sobreproteger. Los niños también necesitan mucho tiempo de juego libre, para saltar, trepar, medir sus fuerzas y su capacidad para defenderse en el entorno. Sabemos que durante el rato que juegan en el parque, por ejemplo, aprenden a resolver problemas solitos, tomar buenas decisiones y medir sus fuerzas. Ser duro es ser capaz de resolver problemas, conocer nuestras fuerzas y tomar buenas decisiones, así que si quieres que tus hijos sean duros, dales tiempo libre para jugar y experimentar.

3. Ayúdale a seguir normas

Hay momentos para el juego libre y momento para las normas. Las normas son un rollo pero son importantes para conseguir nuestros objetivos en la sociedad en la que vivimos.  Ayudar al niño a interiorizar normas y límites (y sobrellevar la frustración que en un principio suponen) le ayudará a hacerse más fuerte y resistente. Ser duro, es en gran parte ser respetuoso y cumplir con las normas. Así que si quieres que tus hijos sean duros…dales normas que respetar.

4. Dale responsabilidades

Cuando tienen 6 o 7 años de edad los niños comienzan a hacerse un poco más perezosos, pero cuando tienen 2, 3, 4 o 5 años les encanta trabajar. Es bueno que aprendan a cumplir con pequeñas tareas y sobre todo hacerse responsables de sus pequeñas cosas. El pañal…a la basura. El pijama…debajo de la almohada. Los juguetes…al cesto…y por supuesto…si se me cae un poquito de leche…la recojo YO con la bayeta. Ser duro, es en gran parte hacerse responsable de tus cosas y resolver tus propios errores, sin lamentarse ni esperar a que otros lo hagan por tí. Así que si quieres que tus hijos sean duros…dales responsabilidades.

Ser duro es ser capaz de terminar lo que empiezas, aunque no te apetezca mucho…

5. Cumple con tu palabra y termina lo que empiezas

Una parte importante de ser duro consiste en hacer lo que tenemos que hacer incluso cuando no nos apetece. Cumple tus promesas y ayúdale a cumplir con aquello que os propusisteis, aunque aparezca un obstáculo en el camino. Si os proponéis llevar unas galletas a la abuela, acordaros de llevarlas. Si habéis hablado de poner la mesa juntos, enséñale que está bien que la ponga, aunque en ese momento prefiera ver sus dibujos favoritos. No se trata de ser excesivamente estricto ni de tener a un niño con fiebre cumpliendo una promesa, pero si de enseñarles el valor del compromiso. Así que si quieres que tus hijos sean duros…recuérdales que es importante que terminen lo que empiezan. 

6. No lo fuerces 

Muchos padres creen que forzando a sus hijos en temas concretos, como terminarse la comida, obligarlos a dar un beso o subirse a un árbol vamos a conseguir hacerlos más fuertes. Sin embargo sabemos que cuando forzamos a los niños sólo conseguimos doblegar su voluntad. Por supuesto que hay que animarlos o convencerlos en algunos momentos porque hay cosas que tienen que hacer sí o sí, como tomarse la medicina o ir al cole. Pero la manera de conseguir que sean más fuertes no es aplicando la fuerza contra ellos sino enseñándoles el poder de nuestras razones, convencimiento y nuestra paciencia. Así que si quieres que tus hijos sean duros…haz cumplir las normas sin ejercer fuerza; convéncelos sin forzarlos.

Las personas duras saben esperar su momento

7. Ayúdale a esperar

¿Hay algo más duro que esperar y esperar? Esperar es una demostración de la fuerza de voluntad que tiene un cerebro. El niño que aprende a esperar está entrenando la parte racional de su cerebro para dominar instintos más primitivos como la impaciencia, la agresividad o la impulsividad que, en la mayoría de los casos, nos llevan a actuar de manera precipitada y equivocarnos. Los niños que tienen más paciencia tienen menos conflictos, resuelven mejor conflictos y está demostrado que obtienen un mejor rendimiento en las pruebas de selectividad. Así que si quieres que tu hijo sea resistente ayúdalo a ser paciente!

Cada problema que resuelvas por tus hijos será un problema que estarán aprendiendo a resolver por sí mismos (por el momento, al menos)

8. No hagas por él o ella lo que pueda hacer solo

Uno de los aspectos que más debilitan a los niños y que vemos con más frecuencia es que los padres ayudan demasiado a sus hijos. Es normal que nuestros hijos nos pidan ayuda en distintos momentos y es normal que les ayudemos de vez en cuando, pero si crees que puede resolver el problema solo déjale que se las apañe. No le abras la caja de juguetes si crees que puede lograrlo solo. No le pongas los zapatos si lo puede lograr solo y no le presentes a amiguitos o intercedas en sus disputas porque es bueno que aprenda a arreglarse solito. Por una parte es bueno que sepa que puede contar con vosotros, pero también es importante tener en mente que cada problema que resuelvas por él o por ella será un problema que no estará aprendiendo a resolver por sí mismo. Guarda tu ayuda y tu afecto para cuando realmente lo necesite y cuando creas que es capaz deja que aprenda a desenvolverse.

Como ves…ser más o menos duro no es una cuestión de crudeza, sino de fortaleza mental, inteligencia emocional y resistencia. De hecho los malos tratos favorecen que nuestros hijos sean más frágiles y tomen peores decisiones, mientras que educarlos en positivo, con disciplina, amor y paciencia los puede ayudar a crecer con fortaleza mental.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”

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