Hay una realidad y es que a la mayoría de las personas les gusta recibir un buen abrazo. No le gustan a todo el mundo, pero a la mayoría le encanta si el abrazo es sincero y viene de una persona que nos quiere. A mi me encanta. ¿A tí no?

Ayer me di cuenta de por qué nos gustan tanto los abrazos…

Era la hora de los pijamas y los niños saltaban de una cama a otra…como suelen hacer cuando es la hora del pijama. En una de estas Lucía, la pequeña, dio un traspiés. Un traspiés con el consecuente golpetazo. Y fue un buen golpetazo. La dolía la cara y lloraba desconsolada. Con la boca abierta de par en par. Se había llevado un susto.

La podía haber dicho aquello de “Si ya sabía yo…” o aquello otro de “Es que no paráis quietos” o incluso lo de “Es que me tenéis hasta el moño!”. Pero la verdad es que no me suelen salir esas cosas. Así que la tomé en brazos y la dije….”Enseguida se te va a pasar”. Me la llevé a nuestro dormitorio, porque en el otro sus hermanos seguían un poco asalvajados y había demasiado ruido y movimiento para que se pudiera calmar.

Abrazo

Por el pasillo seguía llorando mientras yo la sostenía y la decía…Enseguida se te va a pasar”. Llegamos a mi dormitorio y seguía llorando, así que me senté en la cama porque vi que la cosa iba para largo…y lloró y lloró…mientras yo la sostenía en mis brazos. Y de pronto…se calmó. Seguía teniendo lágrimas en las mejillas y la respiración algo entrecortada pero ya no lloraba.

Y un instante después me dijo: “Papá…¿me haces eso de que me agarras de los brazos y me tiras en tu cama?”

A lo que yo la respondí con una afirmación y una pregunta: “Si. Pero antes contéstame a una pregunta “¿Por qué hace un minuto estabas llorando y ya no?”

Y Lucía me respondió convencida: “Porque me has tenido en brazos!”

La verdad es que hay muchos estudios que nos dicen que los abrazos tienen efectos maravillosos en nuestro cerebro; segregan oxitocina, relajan la tensión arterial, reducen el latido del corazón y por eso los neurocientíficos decimos que los abrazos nos curan. Sin embargo, ayer me di cuenta de otra cosa. Puede que tenga razón…y puede que no, pero creo que los abrazos nos gustan porque nos recuerdan a todas aquellas veces que los brazos de nuestra madre o nuestro padre nos ayudaron a sentirnos más tranquilos.

Y todavía hay personas que dicen que no tomemos a los niños en brazos porque se mal acostumbran… hay muchas cosas que nos pueden mal acostumbrar, como los gritos, las amenzas y los castigos. Todo eso ha demostrado que no ayuda a educar y que los niños que se acostumbran a ello, luego hacen lo mismo con sus hijos. Por contra los padres que aprenden a educar sin gritos ni castigos tienen hijos más seguros y más felices. Pero los brazos no mal acostumbran al niño, sino que dan seguridad y dejan un recuerdo de por vida en el corazón de nuestros hijos que les acompañará mientras vivan. Y por eso nos gustan tanto los abrazos;  porque no hay lugar que cure mejor y donde uno se sienta más seguro que en los brazos de sus padres cuando es pequeño…y los abrazos nos lo recuerdan cada vez que tenemos la suerte de dar o recibir uno.

Por Álvaro Bilbao. Autor de El cerebro del niño explicado a los padres

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