Aunque los expertos insistimos una y otra vez en que el mejor comportamiento y desarrollo de los niños se consigue con buenos modos y paciencia siempre hay un papá o una mamá cerca para soltarnos aquello de…”con un sopapo (o con un buen grito) se le quitaba la tontería al niño”.

Hoy he querido plasmar en este post un artículo publicado recientemente en la revista child psychology que demuestran no sólo que educar con dureza es menos efectivo que educar con paciencia sino también que estos métodos pueden explotar en las manos de los padres que los practican.

<<Muchos padres siguen creyendo aquello de que un tortazo a tiempo….>>

La investigación se llevó a cabo en el estado de Maryland (EEUU) con 1.600 niños a los que los investigadores siguieron hasta los 18 años. Evaluaron el grado de “dureza” de la educación que recibían de sus padres. Por ejemplo si les gritaban cuando no habían hecho los deberes, se les caía la leche encima, llegaban tarde a casa, no se ponían con las tareas o sacaban malas notas. Además de los gritos, también valoraron si se les castigaba con dureza, si se les amenazaba con represalias o si había golpes en la mesa e incluso tortazos o agarrones ante los malos comportamientos. Al final de la valoración pudieron clasificar con qué grado de dureza se educaba a cada uno de esos niños.

Un dato interesante es que la dureza en la educación no dependía tanto del carácter del niño o su forma de comportarse sino que dependía en mayor medida del carácter, creencias y valores de los padres. En otras palabras…los niños más regañados o castigados no eran los que se portaban peor, sino los que tenían padres que creían que educar con dureza era necesario.

Varios años más tarde, volvieron a esas casas y entrevistaron a los chicos y los padres y les preguntaron qué tal les había ido a lo largo de esos años. Lo primero que encontraron fue que de entre los malos estudiantes los casos de abandono escolar eran especialmente frecuentes en aquellas familias en las que se educaba con más dureza. En todos los casos (buenos y malos estudiantes) los niños que eran tratados con más dureza tenían una mayor tendencia a involucrarse en peleas, tenían mayores niveles de resentimiento hacia los padres y un clima de mayor desconfianza hacia los padres. Además, los chicos tratados con dureza tendían a delinquir con más frecuencia (independientemente de su clase socio económica) y, en el caso de las chicas tendían a iniciar relaciones sexuales de una forma más prematura (los chicos también, pero en menor medida).

   <<Los niños educados con mano dura tienden a ser adolescentes con mayor probabilidad de delinquir y entre las chicas hay más casos de relaciones sexuales prematuras. Tanto chicos como chicas tienen un pero rendimiento académico>>

La verdad es que son unos datos interesantes, no porque nos produzcan una sorpresa a los expertos en educación sino porque de una manera muy clara reflejan lo que ya sabíamos. El cerebro de los niños se programa al son de la sinfonía que percibe en su entorno más cercano. De esta manera, si el niño observa a sus padres actuar con descontrol cada vez que  no ha hecho los deberes, cuando desobedece o cuando se le cae la leche el niño tenderá a actuar también con descontrol cuando le ofrecen droga, cuando tiene la oportunidad para tener un encuentro sexual o le provocan en una pelea. Es lógico, los padres que actúan impulsivamente ante los retos emocionales de la educación enseñan a sus hijos a actuar descontroladamente ante los retos emocionales de su vida.

Un aspecto importante a tener en cuenta, es que, en la mayoría de los casos, la mano dura comienza a aparecer cuando los niños son pequeñitos. Cuando no se quieren comer las verduras, cuando no quieren bajar del columpio, cuando no quieren meterse en la bañera o quedarse quietos mientras les ponemos el pijama. Son comportamientos con los que todos los padres nos hemos encontrado en un sin fin de ocasiones, porque son comportamientos naturales en los niños. Muchos padres aprenden a educar sin gritos ni enfados, con paciencia en lugar de con gritos y con unas pocas estrategias de comunicación y disciplina positiva consiguen hacerse con la situación de una manera mucho más eficaz. Los niños les hacen más caso y todos se sienten más satisfechos. Si quieres aprender tú también, te invito a leer un poco más abajo. Otros siguen y seguirán diciendo aquello de que un tortazo a tiempo…y seguirán con los gritos y los malos modos aunque ahora ya saben que, además de utilizar una estrategia que es poco efectiva, el tiro…les puede salir por la culata.

Por Álvaro Bilbao – Autor de “El cerebro del niño explicado a los padres”

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