Hace un par de años me encontraba dando una conferencia y explicando cómo desde la década de los 60 sabemos que el contacto del bebé con telas suaves y aterciopeladas puede contribuir al desarrollo de un apego seguro.  Lo sabemos porque los bebés mono que son separados de sus madres consiguen tener un desarrollo emocional intelectual y comportamental adecuado si se les ofrece un muñeco o un trapo de estas características que con su tacto le recuerde a su madre.

Siempre aviso que la recomendación de distintas asociaciones de pediatría es que para los bebés entre 0 y 6 meses de edad este tipo de objetos no deberían estar en la cuna ya que al reclinarse sobre ellos o ponérselos sobre su cara pueden provocar ahogamientos.  No hay problema porque lo tenga mientras juega despierto, mientras se alimenta o mientras da el paseo en su sillita o cuando ya es un poquito mayor. 

En esa conferencia en concreto una madre me dijo que ella nunca iba a dar a su bebé un trapo porque no quería que su hijo desarrollar apego por un objeto inerte.  Yo la expliqué que en ningún caso el trapo o muñeco busca desplazar a la madre, sino ofrecer seguridad al niño cuando la madre no está con él. También la expliqué que la seguridad del niño no sólo depende del contacto, sino de la capacidad de respuesta, la atención cotidiana a aspectos prácticos como el cambio de pañal o la tranquilidad de la propia madre al atender al bebé. Sin embargo, para esta madre no había posibilidad de flexibilizar su pensamiento e insistió en que la única fuente de seguridad debía ser la propia madre. Si os digo la verdad en ese momento no supe bien qué pensar y os tengo que confesar que desde entonces ando pensando en este tema.

Como regla general no suelo creer que haya una verdad absoluta ni tengo los oídos cerrados a ideas y opiniones distintas o contrarias a la mía propia.  Más bien tiendo a pensar que todos los puntos de vista tienen su parte de acierto y que no hay verdades absolutas sino que cada persona y cada familia tiene que encontrar su propia forma de desarrollarse de una manera positiva.  En este caso está madre me hizo dudar de sí un bebé qué es criado siguiendo la las premisas de la crianza con apego (con grandes dosis de contacto físico) se beneficiaría en algo en tener un Dou Dou o trapito. Como en muchos otros casos ante preguntas tan particulares no existen artículos o evidencias cientificas que puedan darnos una respuesta. Desde mi experiencia clínica entiendo que el niño si se puede beneficiar ya que la mayoría de los niños incluyendo los que han sido criados por padres que siguen la corriente de crianza con apego acaban  vinculándose con un objeto transicional entre los 9 meses y los 2 años de edad. Puede ser una manta un peluche o un muñeco.

Sin embargo la semana pasada descubrí algo que no sabía y qué hace que me reafirme en la idea de que un trapito, arrullo o  Dou Dou puede ser  beneficioso para la mayoría de bebés. Me encontraba en el Congreso Internacional de masaje infantil, escuchando una ponencia de una de las mayores expertas mundiales en masaje y reflejos infantiles.  La doctora Lipschits explicó algo fascinante acerca del reflejo de prensión. Como sabéis los bebés tienden a cerrar la mano cuando detectan la presencia de un objeto, por ejemplo cuando pones tu dedo índice sobre su mano.

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Pues bien,  cuándo se activa este reflejo también se activan otros circuitos cerebrales en el niño.  Por ejemplo, cuando el bebé acaricia el pecho de su madre abre la boca y le ayuda a mamar.  Por eso muchos expertos recomiendan que retiremos las manoplas al bebé antes de darle la toma, sobre todo si rechaza el pecho o el biberón.  De alguna manera la estimulación de la mano y la capacidad para alimentarse están asociadas en el cerebro del niño. pero también es curioso que la activación de este reflejo ayuda al bebé a relajarse la articulación de la mandíbula y estar calmado  (algo que sin duda puede contribuir a que coma mejor). Por eso está experta explicaba que el bebé que agarra y acaricia el arrullo mientras mientras está descansando, esperando a que su mamá se vista o está durmiendo tiene el beneficio de activar estos circuitos neuronales que parecen contribuir a que el bebé esté más tranquilo y reduzca los niveles de cortisol.

Posiblemente esta reacción sea más familiar de lo que crees, si en algún momento has tenido en tu mano una pelota antiestrés que están diseñadas bajo el mismo principio.

Así que como ves los beneficios del arrullo no solo se centra en ser un objeto de apego (algo que en cualquier caso no suele ocurrir hasta los 7 o 9 meses de edad)  sino que desde sus primeros días el simple contacto de la mano del bebé con el dedo de la madre o con una tela suave parece estimular el reflejo palmar y ayudarlo a estar más relajado en cualquier situación. Desde los momentos en los que el bebé está comiendo plácidamente en los brazos de su mamá, hasta aquellos momentos en los que descansa plácidamente mientras vosotros preparáis la cena o descansáis.  

Espero que os haya gustado y os aclare (a los que tengáis la mente abierta) sí esto del trapito o arrullo puede ser algo positivo para vuestro bebé. 

Por: Álvaro Bilbao. Autor de El cerebro del niño explicado a los padres y “Todos a la cama

El cerebro del niño portadalibrovamosalacama

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“El periodo más importante para la vida no es la edad universitaria, sino los 6 primeros años de vida del niño”

María Montessori

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